El año nuevo chino es una fiesta que dura 15 días. El año se recibe con algarrabía y mucho, mucho ruido porque así se espantan los malos espíritus, la mala suerte, y el dragón del año nuevo. A los cinco días, se vuelve a hacer ruido porque es un número auspicioso y por si acaso, y a los 15 días, como se acaba la fiesta, pues más ruido.
En Tianjin todavía no han prohibido los fuegos artificiales como lo han hecho en otras ciudades, entre ellas Beijing, que nos queda a hora y media, por lo que en éstas noches de fiesta tenemos los 11 millones de habitantes de Tianjin más los 15 millones de Beijing soltando cohetes.
En Venezuela, no soportaba los tumbarranchos, pero aquí, me gustan, son parte del ritmo de este mes.
Para celebrar que vivimos en China y que estamos aquí para el fin de la fiesta de año nuevo (nos perdemos la víspera por estar esquiando) y sobre todo para espantar todo aquello por si a las moscas, nosotros y nuestros vecinos alemanes también soltamos nuestros triquitraquis. Adivinen quien disfrutó mas.

Nota: Sigo igual de atareada pero menos estresada, gracias en gran parte a las pastillitas anti-estrés de sus comentarios, y por un trio de orejas que me escucharon los detalles lloricones. Gracias, mami, MC, y Jacquie. ¡Las quiero a las tres!
Otra nota: Jacquie, ya veo lo que dices del balance de blancos. Me falló ésta vez. Será para el próximo año nuevo.